Malvinas: cómo dar otro paso adelante

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Mario Cafiero

La reciente resolución de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU, que aprobó la presentación argentina del año 2009, es un hecho positivo y auspicioso.

De acuerdo, pero tener presente que los argentinos están sobredimensionando una cuestion que no tiene consecuencias políticoa, y el RU así lo ha manifestado.

Por un lado se ratifica la posición histórica de la ONU respecto la existencia de un caso colonial y por otro pone a la vista de todo el mundo la enorme superficie de controversia con el Reino Unido, son más de 2.000.000 km2 de una “Pampa Sumergida” con inmensos recursos naturales. Los gobiernos británicos siempre se han rehusado a negociar la soberanía, con argumentos que acomodaticiamente fueron cambiando a lo largo del tiempo. Mientras se niegan a negociar, han fortificado las islas y militarizado el Atlántico Sur, a sabiendas de que nuestro país desde hace décadas no constituye una amenaza del punto de vista militar. Han militarizado la región para garantizar la explotación unilateral de recursos; en especial la explotación petrolera offshore, cuyo potencial daño ambiental recaería en toda la Patagonia argentina.

El problema es que la CEE ha tomado la posición de su socio y miembro de la OTAN. Teniendo una fortaleza militar que amenaza a todo el Subcontinente, nuestra políñitica debiera ser sumar a nuestro reclamo a todos los países de la región, mediante políticas bilaterales y la multilateralidad que nos brinda el TIAR.

Estos graves peligros ecológicos en una zona prístina como el Atlántico Sur deben llamar la atención de la comunidad internacional y por supuesto de la opinión pública británica. En este caso mal informada. Como cuando el ex premier Tony Blair debió pedir perdón por fiarse de datos ‘erróneos’ para invadir Irak. Allí se engañó a la opinión pública británica y ahora se la está engañando sobre la peligrosidad argentina y ocultando los potenciales daños ambientales.

Los conflictos se resuelven con sangre o con tiempo. Los argentinos decidimos renunciar a la recuperación por la fuerza de las islas y ello lo hemos plasmado en nuestra Constitución. Pero el tiempo no nos juega a favor. La estrategia británica es clara: dejar que el tiempo pase mientras ellos pescan y explotan el petróleo. Es imprescindible revisar nuestra estrategia. Un valioso aporte en ese sentido lo constituye un trabajo de Horacio Solari y Enrique Marschoff titulado “Hacia un enfoque prospectivo para el Atlántico Sudoccidental y la cuestión Malvinas”. Allí se analiza cómo las medidas unilaterales británicas violan disposiciones de la CONVEMAR y de otras normas del Derecho Internacional general.

Se recopila jurisprudencia reciente y análoga, como son los casos de la Isla Mauricio contra el Reino Unido y el conflicto entre Nicaragua y Colombia. Por último proponen un camino legal: que la Argentina lleve el caso a tribunales internacionales y solicite una medida cautelar de suspensión de la explotación unilateral de recursos naturales, renovables y no renovables, hasta tanto se resuelva la disputa territorial. Alrededor de esta idea se debería discutir una nueva política de Estado, que frene la explotación unilateral de la pesca y el petróleo.

Es correcto, pero para afirmar nuestros derechos hemos permitido dócilmente que se reconozca que el agresor en 1982 fue una operación de falsa bandera planeada por el Reino Unido, disciplina en la cual son maestros, tal como lo explico en “La Trampa”.

Se requiere una campaña global, empezando por la OEA y la ONU, para denunciarlo claramente, ya que tenemos argumentos sólidos para apoyarlo: LA VERDAD.

No se explica uno por qué no salimos con los tapones de punta a predicar y demostrar las actitudes de la pérfida albión, lo cual nos lleva a pensar que EN NUESTRA CANCILLERÍA HAY TRAIDORES, además de políticos como Menem y otros presidentes (excluyendo el actual, al menos por ahora). Los cancilleres siguen las directivas del PEN de turno, y así estamos.

Mario Cafiero fue diputado nacional.

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